"Si mañana no enloquecéis todos, mi obra habrá fracasado" (Richard Wagner)
Redondas y negras desfilaban al compás con clave de un sol intemporal. Notaba en mi epidermis el suave zumbido de una fusa monolítica, replicante, seriálica………….Eran microinstantes en el universo de un segundo y mi espacio-tiempo se expandía sin límites. Pude percibir la cadencia de la armonía, el sosegado equilibrio de una paz con ruido grácil, lleno de texturas y desbordantes sensaciones de tacto y sabor. Las corcheas chapoteaban en el silencio del agua, parecían pequeños óvalos rellenos colgados al revés en suaves hilos negros verticales, mientras tanto todo mi ser atendía a mi consciencia, sin duda era una llamada a la atención. El oído, a su vez, al fin presentía que se acercaba su momento.
Mientras tanto, en ese estado de gracia, mi excitación murmuraba cifrados mensajes ilegibles provocando un cosquilleo suave y dulce en todo mí ser. El lenguaje subliminal iba desapareciendo, dejando paso a una realidad cierta, muy deseada y serena. La música comenzaba a replicar impactando directamente en todas mis fibras sensitivas. Melodía, armonía y ritmo se buscaron hasta encontrarse, se reconocieron, se presentaron y comenzaron un exquisito baile sonoro conjuntado con una instrumentación de lujo.
Violines, oboes, tubas, y un gran contrabajo llamaron mi atención al contar con vida propia. Fueron los primeros en arrancar en el marco de un sinfonismo grandioso, sin lugar a dudas desconocido hasta entonces.
Observé las percusiones agitadas y golpeadas por fuerzas imposibles que me retornaban a los orígenes del mundo, timbres de timbales con majestuosa sonoridad ligados a címbalos, trinquetes, bombos y platillos.
Instrumentos aerófonos refrescaban un ambiente con desmedida densidad. Tubos y columnas por los que se deslizaba un silbido de sonidos de viento por vibración, se trataba de trompetas, trombones y flautas asemejando el viaje de la misma brisa que tanto reconforta en el calor del estío.
En el centro un majestuoso piano realizaba funciones de dirección junto a una pléyade de hermanos cordófonos: liras, laúdes y violas, rebosantes de lirismo musical, se expresaban disciplinados a su son penetrando con un exquisito sonido por todos mis capilares. A su vez pude barruntar una leve pero placentera presión sobre la ya excitada hemoglobina invitándome en su sanguíneo viaje al festín musical que estaba aconteciendo en todo mí interior.
Mayestática orquestación engendrada desde la propia naturaleza del arte, es decir, la expresión de lo invisible a través del sonido para provocar luz en alma. La música llamada por los griegos "El arte de las musas", tiene algo de sobrenatural, de presencia mística, revelación de intenciones que humaniza la búsqueda del mismo amor entre los hombres..







