Archivos para 23 octubre 2010

Codicia

“Para descender en nosotros mismos, no es necesario elevarnos primero” (Petrus Jacobus Joubert)

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Abrazados por la sombra de riquezas estériles, hacen de su vida un vacío de infelicidad y desazón. Respiramos el aire junto a un ejercito de desarrapados vivientes que se despiertan al calor del vil metal sin percibir como multiplican su desdicha a la par que aumentan sus sombrías ganancias de lujos horteras. Su codicia es un insulto a la pobreza y al sufrimiento de la escasez. Enjutos, simples y tristes buscadores de fáciles placeres paridos desde el convencimiento del sin esfuerzo y la inmoralidad, navegan sin rumbo hacia el abismo de una avaricia desbocada y sin medida.

Convivimos con una estirpe de oscuros y oportunistas rateros de guante blanco que, al amparo de los ejercitantes del poder, conocen las miserias humanas y se aprovechan de la fragilidad de una pléyade de marionetas políticas sin pudor para imponer sus mordidas a discreción. Junto a ellos, a la par, los payasos gubernamentales y su ladina corte, seducen a la ingenua ciudadanía mediante arengas populistas y exaltaciones ideológicas insustanciales, demagógicas y vacías de contenido.

El trofeo siempre es el mismo; el ansiado voto engañado, que nutra esa voraz correa de transmisión entre el ejercicio del poder público y los favores entre sus aledaños.

Contrataciones, adjudicaciones, permutas, obras sociales, adquisiciones, organización de eventos, órdenes, leyes, reglamentos, plicas, subvenciones, ayudas, ordenanzas, infraestructuras etc….… todo ello como instrumento al servicio de una maquinaria que permite a sus directores un solapado incremento de riqueza ilícita desde el asentimiento de una sociedad civil descorazonada y atónita ante el circo montado con descarada impunidad.

La manifiesta rebeldía irracional que late en nuestros corazones, debería lanzar profundos exabruptos ante lo que está pasando. Estas calamidades andantes, salpican de mierda el noble estatus de una humanidad con pretendida y anhelada solidaridad. Parece obligado un estímulo biológico, una pulsión colectiva ante el parásito social al que nos enfrentamos para acabar con esta ruin lacra que fusila la confianza en el género humano.

Es trabajo de la sociología, la neurociencia y la psicología comprender y corregir los mecanismos que conforman tan débiles, dañinas y dañadas estructuras mentales, mientras tanto, suplicar que no estemos ante una pandemia provocada por estos codiciosos chupadores de tesoros a la vez que desdichados manipuladores del valor de su propia realidad y a veces de la nuestra.

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Sine Die

          Una de las diferencias más impresionantes entre un gato y una mentira, es que el gato solo tiene siete vidas.  


         
          Ifigenia se había acostado muy pronto esa noche, nadie sabía porqué. Tan solo las huellas desdibujadas de unas lágrimas derrotadas en su rostro, rompía entre los suyos ese dulce equilibrio vital que tanto caracterizaba su cotidiana existencia. Esa noche la casa estaba extraña, el aire se podia palpar, sentir. Una densa atmósfera perforaba el ambiente, miradas invisibles se cruzaban entre sí buscándose con ansia de incontenidas respuestas, pero nadie osaba preguntar ante ese abismo que produce la incertidumbre del inmediato instante siguiente.
         
          Su vida había transcurrido dentro de una “realidad” auto-impuesta por los cánones y patrones de una exquisita sociedad civilizada y próspera. Todo se centraba en valores proyectados hacía lo que los demás esperan de uno mismo, miedos a lo desconocido, dependencia, nulo desarrollo interior y excesivo apego a lo material. Fue educada para desarrollar nefastos e indeseables sentimientos de culpabilidad por lo sucedido en su pasado y preocupaciones ante los inminentes futuros, su sentido del deber siempre se centraba en lo que otros creían que debía hacer bajo un esquema simplista y celosamente maniqueo. En cada momento de su vida necesitaba como respuesta a sus actos, la dosis de aprobación popular obligada y tranquilizadora.
         
          En definitiva un modelo de enmascarado desarrollo personal y dependencia absoluta por un entorno que moldeaba a su antojo su devenir en la vida y pulso existencial. 
         
          Hacía semanas que Ifigenia se hacía preguntas. Algo en lo más profundo de su ser empezaba a revolverse y rebelarse; ¿Qué me está sucediendo?, ¿Por qué mi indiferencia ante todo?, ¿Como puedo evitar complacer?, ¿Y complacerme?, se preguntaba con obsesiva insistencia. No era habitual su desgaste psicológico tras comprobar que todo lo cercano a su entorno se le antojaba pequeño, aburrido y vulgar. Aunque estaba en el camino, aún no había llegado a comprender que ella misma era el centro de todo lo demás, el resto giraba sobre ese eje vital que conformaba su propia alma.  
         
          Necesitaba volar, escapar de sí misma para desaparecer y verse en otra dimensión con otras realidades no percibidas hasta entonces. Volar para ampliar la mente y ver las cosas desde las alturas para percibir mejor lo que pasa en el mundo físico. Volar con la imaginación, volar para encontrar un sitio donde posarse, volar para retomar y volver a empezar.
          
          Tiempo después despertó del sueño sine die en el que había entrado, reencarnada en la mujer que siempre había aspirado a ser, pura, liberada de ataduras e independiente. Era demasiado tarde, tan solo encontró el aislamiento de una desconocida a la que el mundo había dejado sola porque la vida se había consumido sin apenas tiempo de haberla probado. 
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Perspectiva

“Pensar no es salir de la caverna, ni sustituir la incertidumbre de las sombras por los perfiles bien definidos de las cosas mismas, el resplandor vacilante de una llama por la luz del verdadero sol. Pensar es entrar en el laberinto. Es perderse en galerías que solo existen porque nosotros las cavamos infatigablemente, dar vueltas en el fondo de un callejón sin salida cuyo acceso se ha cerrado tras nuestros pasos hasta que éste girar abre, inexplicablemente, fisuras factibles en el muro”.

                                                                                        Castoriadis, en las Encrucijadas del laberinto

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Interpreto cómo el pensar, en ocasiones, deteriora nuestro maltrecho vínculo con la realidad, nos persigue con insidiosa acritud y hasta puede acosar esa voluntariosa voluntad construida en los infames andamios de la vida.

El laberinto del que habla Castoriadis conforma nuestra mente y confirma la brutal interacción entre nuestro exuberante y rico yo interior por un lado, y esa verdad subjetiva que es lo que “nos creemos” desde la existencia junto a todo lo demás, lo que percibimos desde el exterior y como nos hace sentir y actuar.

Al pensar abrimos fisuras, exploramos, descubrimos y desciframos. En definitiva nos adentramos en el mágico mundo de la interpretación subjetiva de lo nuestro y lo que nos rodea. Ahora bien, no todo es luz, clarividencia y adivinación celestial. 

Discurrimos y jugamos con nuestra pseudo realidad y emitimos dictamen, juicio y sentencia. Esta rigidez del proceso es casi insultante, un bochornoso fraude. Cerramos opciones unilateralmente y siempre lo conseguido parece un arte, una ganancia, el trofeo, un tesoro, algo que no admite ser de otra forma, ¡¡imposible!!…….

- Imaginemos un – ¿Como puedes no estar de acuerdo? – con represión contenida.

Este proceso es invisible, gracias a nuestro relamido e hipócrita envoltorio social. En apariencia y solo culturalmente, nos enseñan a ser tolerantes y generosos con la opinión de los demás, magnánimos con los otros gustos, aceptar críticas, puntos de vista diferentes, etc. Nada más lejos de la realidad. Tengo la certeza que en nuestro laberinto interior en ese momento de discrepancias, se ejecutan complejas neuro-psico-órdenes que cierran y sellan nuestra arquitectura mental de ataques externos. Nuestra mente profundiza en la herida de nuestra tozudez descarnando una perniciosa debilidad que desnaturaliza el ya de por sí frágil vínculo vital existente con nuestras emociones.

Somos sujetos imposibles. Impasibles y estrictos en la gestión de las ideas propias, Insultantes en nuestros gustos y maneras. Exponemos e imponemos nuestra “utilidad”, y proyectamos lo propio como ley universal. Pensamos desde nuestro devorador apetito creativo y devaluamos sin mirar al resto. Hacemos que escuchamos, en realidad, pensando en nuestra frase siguiente, cuantificamos las ideas y destronamos lo foráneo por lejano e intrusivo. Es un egoísmo casi agónico, suplicante de ego y estima, esa casposa y mórbida goma única capaz de mantenernos firmes y atentos frente al “suplicio“ de la variedad, la tolerancia, la mixtura y el desarrollo personal.

Me gusta discurrir entre intransigencias humanas que circundan el gran circo de nuestras vidas. Propongo adentrarme y adentrarte en su núcleo, aprender y comprender, pulir el intelecto, asimilar, cifrar y descifrar claves que quizás no lo sean, sacar partido.

Al final evolucionar con esta riqueza existencial abriendo verdaderas fisuras en el muro de mi propia alma siempre sol y sombra de mi verdadero enemigo; Yo mismo.

                                                                                                        
 

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