Archive for category Sarah

Sarah V

                   Apenas contaba 20 años y ya había conocido los desgarros de la vida por circunstancias absolutamente ajenas a su conducta.
                   Se instaló en Madrid, ciudad que conocía, allá por el año 85 y buscó y rebuscó en todos sus rincones un espacio físico donde poder vaciar sus lágrimas sin intrusos ni extraños. Escribió a infinidad de empresas e instituciones para conseguir un trabajo que no llegaba, mientras tanto malvivía en tristes y decadentes pensiones sin alma ganándose la vida gracias a esporádicos servicios de asistencia a gente necesitada, ancianos y enfermos.
                   Pasó penalidades, lloró sin consuelo por su doloroso pasado y su pesado futuro. Conoció el infierno de una soledad despiadada y desgarradora, pero con un tesón sin límites fue abriendo cada vez más puertas llenas de esperanza hacia esa vida mejor que sin lugar a dudas se merecía. Que lejos aún se presentaba el destino que la vida le tenía preparado.
                  En el camino tropezó, flaqueó, cayó y volvió a levantarse, era una luchadora visceral e impulsiva y siempre recordaba las palabras de aquel viejo libro que siempre andaba por casa, -"Lá única manera de salir del túnel es entrar en el."- Sarah entró en el túnel de la mano de los imponderables, pero a su vez supo sobrevivir y sobrellevar aquella oscuridad buscando una salida que se antojaba no fácil pero llena de aires renovados.
                 Con el paso de los meses fue capaz de ir conociendo gente porque contaba con una simpatía natural que brillaba con luz propia, sus asistidos la adoraban gracias a su gran corazón, paciencia y maneras. Enseguida dejó el lúgubre hostal donde se aposentaba para iniciar una nueva andadura en el mundo de los pisos compartidos junto con amigas. Su círculo de amistades creció de forma exponencial y hasta tuvo tiempo de matricularse en la universidad gracias a sus innatos deseos de conocer y aprender.
                 La búsqueda del conocimiento siempre le había atraído sobremanera, en ocasiones recordaba como de niña escuchaba conversaciones de su padre sobre volúmenes, ecuaciones, integrales, densidades y conceptos matemáticos que sonaban a música celestial en su preciosa cabeza, tan solo contaba con 9 años y era capaz de resolver verdaderos problemas lógicos solo aptos para mentes privilegiadas.
                A veces pienso que su inteligencia natural, su clarividencia junto con una racionalidad muy explícita y precoz en su caso, fue el contrapeso a sus problemas vitales y de familia proporcionando un aterrizaje suave en su viaje de niña a mujer al que tuvo que asistir sola, sin escalas intermedias ni tránsitos posibles. Sarah no conoció fases como la pubertad o la adolescencia, no tuvo tiempo de saborear a su madre y menos aún a su padre al que le unía de niña lazos entrañables, un vínculo casi sagrado, sencillamente el tiempo pasó y la engulló sin antes pedir permiso. Ahora solo quedaba saber si sus viejos y olvidados fantasmas aún estaban al acecho esperando mejor momento para reaparecer.

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Sarah IV

                  Gracias a las interminables conversaciones entre las dos compañeras de piso, con gustos comunes en muchas ocasiones y la complicidad de mi queridísima Diana, paso a paso, con aguja, hilo y algún tiempo empleado, fui capaz de hilvanar algunos cabos sueltos del pasado y presente de Sarah.
                  Su padre de origen italiano, aterrizó en España por motivos laborales al ser directivo de un importante grupo industrial multinacional con presencia en nuestro país, eran los años 60 y fruto de la casualidad conoció a Pilar Adanez, una preciosa joven con muchos pájaros en la cabeza, radiante de vitalidad y deseosa de excitantes aventuras, Giovanni Fallaci se enamoró profundamente de esta bella mujer y fruto de la relación nació Sarah, una hija querida por ambos pero nunca deseada y mucho menos oportuna.
                  La familia Fallaci se instaló en Madrid viviendo unos años de relativa felicidad. Una vez finalizada la fase pasional y de permanente descubrimiento del otro en la relación de pareja, la monotonía y el hastío se instaló en casa del combinado hispano-italiano. El broche final a la difícil convivencia lo puso el descubrimiento por parte de Giovanni de las continuas infidelidades de su mujer con múltiples hombres desde hacia ya tiempo.
                  Esta circunstancia supuso la separación definitiva de la pareja quedando Sarah con 10 años al amparo de una madre de dudosa reputación, vida disoluta, futuro incierto y excesivamente frágil ante hombres que simultaneaban en su vida en busca de una aventura fácil ausente de compromisos ni ataduras.
                 Pilar Adanez necesitaba una permanente renovación de todo cuanto le rodeaba, no soportaba el sedentarismo humano, la fuerza de la costumbre, las rutinas. Era una mujer voluble y caprichosa y no encajaba en los cánones de la familia tradicional dentro de una sociedad excesivamente rancia y añeja para sus convicciones morales.      
                 Después de algunos años de un incesante malvivir, deambulando sin rumbo fijo, escasos medios y muchas penalidades, Sarah con 18 años decidió poner fin a la tutela de su disipada madre iniciando una andadura en solitario en búsqueda de si misma que hasta el día de hoy quizás continua.
                      

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Sarah III

                  Es así como sucedió mi primer intento de conocer a Sarah, hubiera sido una noche maravillosa para ambos, estoy convencido, pero nunca me hubiera perdonado forzar unos acontecimientos que tarde o temprano estaba seguro acabarían por llegar.
                  Pude ver como su preciosa figura se iba perdiendo entre un ensordecedor ruido de vehículos, cruce de calles y gente, demasiada gente quizás para una calurosa noche de julio. Realmente la ciudad estaba engullendo sin piedad a Sarah, otro ser anónimo en las fauces de la salvaje urbe me dije. Unas tímidas gotas de lluvia ya asomaban en el cielo y a medida que se alejaba pensé. – tan cerca y tan lejos a la vez, no quisiera que esto fuera el principio del fin, volveré a verla estoy seguro.- 
                 De repente algo me hizo volver a la realidad: – ¿Quién coño será la Sra. Adanez? – Exclamé. 
                 Transcurrió algún tiempo hasta que volví a tener noticias de ella. Fué una tarde meses después de mi primer encuentro. Estaba tomando un café con mi querida amiga Diana, hablábamos mucho y de todo. Siempre nos pasaba igual; meses sin vernos para luego desquitarnos al amparo de una taza de café negro, bien caliente y escuchando música en nuestros bares de toda la vida.
                 - Por cierto - comentó Diana, - ¿Sabes que tengo una nueva compañera de piso?, es encantadora, creo que nos vamos a llevar fenomenal, está estudiando filología árabe, Sarah, Sarah Fallaci Adanez se llama. ¿Que te parece?. - 
                 Maldeciré siempre el momento en el que Diana hizo tal comentario, justo en el instante que apuraba el último sorbo de café. Creo que me entró directamente por la traquea haciéndome toser como un poseso, hice al mismo tiempo un movimiento convulsivo hacia delante con todo mi cuerpo tirando al suelo todo lo que hasta ese momento estaba en la mesa creando una atención entre la gente del bar totalmente desmedida, innecesaria y gratuita.
                 Diana extrañada ante lo que contemplaban sus ojos dijo con sorpresa; - Joder, no hace falta que seas tan gráfico, sí lo sé no te comento nada –
                 Poco a poco recuperado de mis males y con la situación más controlada le expliqué a Diana que se me había ido el café por otro sitio, solo había sido eso, estaba encantado que tuviera una nueva compañera de piso y ardía en deseos por conocerla.

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Sarah II

         De repente sin pensarlo, como si de un acto reflejo se tratara cogí la mano de Sarah y la espeté:     
         - Ven, acércate, te propongo un extraño viaje para dos. -
         - Perdona, no hablarás en serio. ¿Acaso me conoces? – Exclamó sorprendida y algo azorada.
         - Escucha; Iremos andando sin rumbo a ninguna parte hasta perdernos entre la maraña de calles de la ciudad, paso a paso disfrutando del placer de una tormenta regalada en una noche de desconocido destino. ¿Te imaginas?, dos seres desconocidos, ávidos de curiosidad, mojados por este generoso cielo  mostrándose, enseñándose, aprendiendo a conocerse. -
         - Entretanto me contarás tus cosas, tus pasiones, tu vida. Yo a cambio te escucharé con atención para después comenzar con el discurso de mi existencia, mis momentos más íntimos, mis orígenes. Son tantas cosas tuyas las que quiero escuchar y tantas otras de las que deseo hablar. Es un equipaje que necesito vaciar y al mismo tiempo llenarlo de nuevas ilusiones. -
         - Estoy seguro que será enriquecedor para ambos y solo en una noche alguien sabrá más de cada uno de nosotros de lo que en toda una vida muchos hubieran soñado saber.-
         - ¿Te imaginas? -
         - Es tentador, pero no sé quién eres, dices cosas extrañas y me intranquilizas, otro día quizás. Déjame.
         - Además, acabo de sentir tu aura de color azul y eso me perturba. -
         - ¿El aura azul? - exclamé con asombro.
         - Así es, proyectas este color, y por analogía sois unos seres muy inestables emocionalmente, con tendencia a la depresión, detallistas hasta rozar lo enfermizo, demasiado solemnes, subliminales y densos para mi. Puedes complicarme la noche sin proponertelo y yo necesito en estos momentos tranquilidad y mucha armonía en mi entorno. Mis problemas no son pocos y mi vida es muy compleja. -
         - En ese caso solo dime tu nombre y sí es tu deseo, nunca más sabrás de mi. - respondí en un tono amargo, seco y cortado por la decepción. -
         - Mi nombre es Sarah – respondió – Ahora bien te buscaré y recordaré cuando menos  lo esperes esa extraña propuesta que me has realizado, solo con verte me has hecho sentirme muy especial, eso me perturba y excita a la vez mis sentimientos. Casi  haces doblegarme y me asusta pensar que en el fondo esos sean mis deseos.
         - Adiós corazón. -  me dijo en tono de despedida.
         Tímidamente aflojé mi mano en un acto en el que pesaba más mi desconsuelo que mis anhelos, aún así noté como Sarah se resistía a separarse. Era como si sus dedos hubieran decidido prolongar su estancia junto a los mios deslizandose bajo un suave cosquilleo de yemas a flor de piel e infinitas sensaciones. La química empezaba hacer sus efectos en nuestras venas y una ardiente excitación nos invadía alrededor.  
         - Corazón adiós - exclamé triste pero rebosante de cálidas esperanzas….

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Sarah I (El comienzo)

         Venía de hacer un gran favor a una amiga, rebosaba frescura y lozanía, siempre tan educada, tan correcta. Tuve noticia de ella por comentarios de conocidos, pero nunca pude imaginar como Sarah se iba a meter en lo más profundo de mi existencia marcándome para siempre.

         Cuando la conocí me llamó sobremanera su espigada figura casi aristocrática, llena de aplomo pero a la vez muy liviana. Enseguida pensé; - puede que en este instante este conociendo a la mujer de mi vida, a la compañera de viaje de los próximos años.

         Fué una cálida noche de Julio, estaba buscando la llave de mi portal y a la vez pensando en las pocas ganas que tenía de subir a mi apartamento, entretanto unas densas nubes en el cielo presagiaban la tormenta que se avecinaba, lluvia de verano llena de frescura y de vida, tan necesaria para  mi ciudad abrasada por el asfalto y los rigores de un calor infinito.

         En ese instante se me acercó Sarah. Recuerdo su vaporoso vestido blanco que parecía tener vida propia, rebosante de voluptuosidad, recuerdo la provocación de su mirada tierna y profunda a la vez, su olor a jazmín, sus largas manos, el pelo dibujando caprichosas formas sobre su rostro.

        Hola!  Exclamó, – me han encargado dejar esta carta en casa de la Sra. Adanez – - ¿Sabes si vive aquí? -  

        - La verdad mis vecinos son unos grandes desconocidos, llevo poco tiempo en esta casa y no conozco a casi nadie -. Respondí nervioso y con cierta precipitación.

        Una vez superado el vértigo de la primera vista, disfruté con intensidad y agradecí lo que estaban contemplando mis ojos; Su rostro reflejaba la franqueza de la mujer sin fisuras que no esconde nada pero al mismo tiempo un halo de misterio, un dibujo de un pasado incierto lleno de preguntas tal vez sin contestar. Sus ojos profundos exultantes de vida me atenazaban, los labios tan sensuales me invitaban inconscientemente a un baile de besos robados, prohibidos, inconfesables…….     

                                                                                                Os seguiré contando…

 

 

 

 

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